El Código Penal argentino, en su artículo 34, contempla la figura de la legítima defensa y describe tres situaciones que en caso de comprobarse en alguna situación de la vida real no serían punibles cuando concurren los siguientes presupuestos: a) agresión ilegítima, b) necesidad racional del medio empleado
para impedirla o repelerla y c) falta de provocación suficiente por parte del que se defiende.

En así que deberían darse estos supuestos para entender que existió legítima defensa:

  •  Agresión ilegítima

Entendida como la puesta en peligro de un bien jurídico como consecuencia de un acto doloso (si fuera imprudente cabría estado de necesidad) típico y
antijurídico (no es necesario que el agresor sea además culpable). La agresión ilegítima tiene que ser:

. Real: si no lo es habrá legítima defensa putativa, que constituye un supuesto de error de prohibición (por ejemplo, A cree que actúa en legítima defensa
frente a B, cuando en realidad B es un amigo suyo que sólo quiere darle un susto).

. Actual o inminente: no cabe legítima defensa cuando la agresión ha cesado.

  • Necesidad racional del medio empleado para impedir o repeler la agresión

Exige que el medio elegido para la defensa sea el menos lesivo posible y utilizado con la menor intensidad posible, atendiendo a las circunstancias
concurrentes del hecho (por ejemplo no sería racional responder a una injuria -delito contra el honor- con un disparo al corazón del agresor).

  • Falta de provocación suficiente por parte del defensor

La jurisprudencia niega la legítima defensa en supuestos de riña mutuamente aceptada por entender que existe provocación mutua.

 

 

 

Este nos obliga a considerar, en primer lugar, la extrema prudencia que las personas deben adoptar al tiempo de encontrarse frente a la necesidad de acudir a esta herramienta judicial para preservarse de una agresión externa ilegítima o, en su caso, salir al cruce de situaciones de hecho que representen un compromiso para la integridad física y/o psíquica de un tercero.